sábado, 22 de noviembre de 2008

Seis Tesis sobre José Carlos Mariátegui y León Trotsky



I
Mariátegui es el primer teórico marxista latinoamericano. El amauta llevó adelante una enorme tarea de traducción (Gramsci) del marxismo revolucionario a nuestro continente, que es un importante punto de apoyo para los marxistas revolucionarios en la actualidad.

II
Trotsky está presente en el pensamiento de Mariátegui desde múltiples perspectivas. Mariátegui no sólo recibió entusiastamente las reflexiones de Literatura y Revolución (1924), sino que Lenin y Trotsky son para Mariátegui el arquetipo del hombre de acción y pensamiento, del “ideólogo realizador” (Defensa del Marxismo). Esta expresión de puño y letra del peruano data de 1928-29, años de furibunda campaña antitrotskista al interior de la III Internacional. El tercer aspecto en que el fantasma de Trotsky se insinúa en el pensamiento mariateguiano, es en su formulación de las contradicciones internas de la formación económico-social del Perú, muy cercana a la teoría del desarrollo desigual y combinado y en su formulación de las fuerzas motrices y la dialéctica de la revolución, afín en sus momentos esenciales a la Teoría de la Revolución Permanente.

III
Los Siete Ensayos son, como señala Karel Kosik respecto del Fausto, la Fenomenología del Espíritu y El Capital, una auténtica “Odisea” de la praxis histórica. Una de sus principales conquistas teóricas es la identificación del “problema del indio” con el “problema de la tierra”. Los Siete Ensayos se remontan desde un conciso esquema de la evolución económica a todas las manifestaciones vitales del Perú incluido un último y extenso ensayo sobre la literatura. De esta manera el pensamiento marxista va penetrando en esferas enteras de la vida nacional peruana, tomando como base las cuestiones formuladas en los dos primeros ensayos, logrando una mirada totalizadora, opuesta por el vértice al mecanicismo stalinista del diamat y el hismat. Desde este punto de vista la errónea tesis acerca del carácter feudal de la colonización se debe más a un error de apreciación que a un esquematismo de corte eurocéntrico, tan caro a Codovilla, Ghioldi y otros nefastos personajes del stalinismo criollo.

IV
Penetrando más a fondo en Los Siete Ensayos, en Ideología y Política y otros trabajos, hay dos planteos que ubican a Mariátegui muy cercano a las ideas de Trotsky. En primer lugar que señala la incapacidad de un desarrollo nacional autónomo del Perú, dominado por los capitales imperialistas y por la gran propiedad agraria. Por eso se burla de la consigna aprista que reclama la “segunda independencia”. Contra toda visión del desarrollo histórico mecanicista y unilineal, el peruano considera que la persistencia del latifundio no es indicio de la necesidad de una revolución burguesa, sino un elemento que muestra plenamente la imposibilidad de la burguesía nacional de llevar adelante sus tareas históricas. Este punto de vista de Mariátegui puede abarcarse sin inconvenientes en la teoría del desarrollo desigual y combinado de Trotsky [2]. Mariátegui considera imposible y a la vez reaccionario separar la lucha por la liberación nacional de la lucha proletaria por el socialismo. La única salida para el Perú es oponer al capitalismo, el socialismo. Siguiendo en esa línea de pensamiento, señala que solamente la acción del proletariado puede impulsar y realizar las tareas de la revolución democrático-burguesa a las cuales la misma burguesía es tan hostil como a la clase obrera. Bajo la dirección del proletariado, organizado en Partido revolucionario, la revolución democrático-burguesa deviene socialista. En el Proyecto de Programa del PS peruano no explicita Mariátegui si es la dictadura del proletariado en alianza con los campesinos el régimen transicional que une ambas etapas, aunque sí reivindica la lucha por el gobierno obrero y campesino (sinónimo de la dictadura del proletariado) en El problema de las razas en América Latina. Si bien estas formulaciones retienen cierto tinte etapista, hay aquí tres cuestiones básicas que separan a Mariátegui del stalinismo y lo acercan a las ideas de Trotsky: a)Su hostilidad hacia la burguesía nacional. b)La transformación de la revolución democrático-burguesa en revolución socialista como una necesidad dictada por el desarrollo contradictorio de la formación económico-social peruana, subordinada a las tendencias del capitalismo mundial. c)La necesidad de la acción independiente del proletariado como sujeto del proceso revolucionario en su conjunto. Otro punto de convergencia entre Trotsky y Mariátegui consiste en la visión que tienen ambos sobre el proceso de la revolución latinoamericana como un momento del proceso de la revolución mundial. Ambos se ubicaron en las antípodas de la visión esquemática y pedante que clasificaba a los países como “maduros e inmaduros para el socialismo” o como “el campo mundial y la ciudad mundial”, de la cual se deducía que el proletariado y el pueblo latinoamericano tenían que luchar por una metafísica “dictadura democrática de obreros y campesinos” actuando como apoyo de la Revolución Mundial y a la espera de que ésta los libere. Para Trotsky la revolución puede empezar en cualquier país pero continúa en el terreno internacional y se define a nivel mundial, a la vez que llama a encarar la lucha proletaria revolucionaria en todos los países de acuerdo a las condiciones históricas específicas: “...estamos lejos de recomendar al pueblo latinoamericano que espere pasivamente la revolución en Estados Unidos o a los obreros norteamericanos que se crucen de brazos hasta el momento en que llegará la victoria [...] Es necesario continuar luchando sin descanso, extender y profundizar la lucha en armonía con las condiciones históricas realmente existentes. Pero, al mismo tiempo, hay que comprender las relaciones recíprocas entre estas dos corrientes de la lucha contemporánea contra el imperialismo. Será la fusión de ambas en una etapa dada lo que asegurará definitivamente la victoria” [3]. Mariátegui, a la vez que señala que en América el socialismo no puede ser “calco y copia” sino la “creación heroica” del “socialismo indoamericano”, piensa que “la revolución latinoamericana será nada más y nada menos que una etapa, una fase de la revolución mundial.” [4] Desde este punto de vista podemos señalar que la Teoría de la Revolución Permanente engloba las formulaciones de Mariátegui, que a su vez constituyen un importante punto de apoyo para enriquecer y hacer concretas la teoría del desarrollo desigual y combinado y la Teoría de la Revolución Permanente en América Latina.

V
La tradición marxista rusa se hizo luchando contra las utopías sociales de los populistas. Contra éstos defendieron el enfoque marxista como el único basado en un análisis científico de la realidad histórica rusa. La premisa del marxismo ruso es el marxismo como ciencia. Plejánov, Lenin y Trotsky son tres de sus principales figuras. La tradición marxista italiana se hizo luchando contra las deformaciones positivistas primero (Aquiles Loria especialmente) y después contra los intentos de absorber al marxismo en un nuevo idealismo (Croce). Sus principales exponentes son Antonio Labriola (quien calificaba a Herbert Spencer de “cretino”) y Antonio Gramsci. Al primero debemos la feliz caracterización del marxismo como “filosofía de la praxis”, categoría utilizada ampliamente por el segundo, en sus Cuadernos de la Cárcel. Trotsky es de alguna manera un punto de contacto entre ambas tradiciones, ya que los ensayos de Labriola jugaron un importante papel en su adhesión al marxismo. Ya señalamos que Mariátegui es muy cercano a Trotsky en sus concepciones estéticas. Mariátegui está ligado a la tradición italiana a través también de Labriola pero sobre todo a través de la “revisión” de Sorel y Croce. El peruano estuvo a su vez en el Congreso de Livorno [5] y en Defensa del Marxismo citaba al grupo del Ordine Nuovo como un arquetipo de la nueva generación de revolucionarios proletarios [6]. Mariátegui, cuatro años más joven que Gramsci, es parte de una generación que de una u otra forma percibe la Revolución Rusa como una afirmación de la iniciativa revolucionaria contra el determinismo mecánico de la socialdemocracia. En este marco, Trotsky es un defensor del marxismo como ciencia y Mariátegui tiene una posición un tanto más relativista, propia de otra generación que se hizo a la vida política en plena crisis del liberalismo y el positivismo [7], de los que era tributaria la ciencia de su tiempo. Mariátegui ve al marxismo como un método de interpretación histórica y como él mismo dice, citando a Gobetti, como una filosofía que “santifica los valores de la práctica” [8]. Pero para Trotsky el carácter científico del marxismo no es ahistórico, por eso señala que “el marxismo no tiene la pretensión de ser un sistema absoluto. Tiene conciencia de su propio significado transitorio [...] el marxismo es un producto histórico y debe ser aprehendido de esta manera” [9]. Mariátegui por su parte dice “La bancarrota del positivismo y del cientificismo, como filosofía, no compromete absolutamente la posición del marxismo. La teoría y la política de Marx se cimentan invariablemente en la ciencia, no en el cientificismo” [10]. Estas citas no dejan de ser interesantes. El marxismo es una ciencia no porque recurra a los métodos de las ciencias exactas y naturales, ni mucho menos porque constituya un cúmulo de verdades universales (ciencia de ese tipo no existe en ningún campo) sino porque se basa en un análisis de las contradicciones objetivas de la sociedad capitalista. Esa “objetividad” tiene un carácter social, es decir, vista desde una perspectiva histórica a través de la crítica marxista de la alienación y el fetichismo, es una creación humana y como tal históricamente transitoria y modificable por la propia acción de las clases y los grupos sociales. En este sentido podemos inferir de aquí que el carácter científico del marxismo es inseparable de su historicidad y si se quiere aún de su “historicismo”. ¿Quién mejor que Marx para unir ciencia e historicidad al señalar con fina ironía el carácter no científico y apologético de la economía política burguesa respecto de la temporalidad de la sociedad capitalista?; resulta que hasta entonces hubo historia pero ahora ya no la hay... Por eso la contraposición metafísica entre ciencia y filosofía e historicidad es o un anacronismo positivista, en el caso de contraponer la primera con las segundas (cosa que casi nadie hace en la actualidad) o una concesión al “relativismo absoluto”, al escepticismo y a la fragmentación de la totalidad, propias del pensamiento posmodernista cuando se contrapone las segundas con la primera. En el mismo sentido la falsa contraposición de “determinismo” y “voluntarismo”, amalgamando todo determinismo al fatalismo socialdemócrata, reviste el mismo carácter penosamente equívoco. Trotsky señaló que el fatalismo era una traición al marxismo, a la vez que siempre demostró una profunda claridad de las determinaciones objetivas no sólo del proceso de la Revolución Rusa, sino de su propia derrota en la lucha política al interior del PCUS. La Teoría de la Revolución Permanente es a su vez un gran ejemplo de la unidad dialéctica de sujeto y objeto, de determinación objetiva y voluntad consciente. En el mismo sentido en ¿A dónde va Francia?, Trotsky desarrolla un análisis exhaustivo de las “bases materiales” de los procesos de masas a la vez que señala ardorosamente “ hay que querer la victoria, hay que aspirar a la victoria, hay que derribar los obstáculos, hay que voltear al enemigo y ponerle la rodilla en el pecho ¡ ¡Camaradas, amigos, hermanos y hermanas! ¡Los bolcheviques-leninistas los llaman a la lucha y a la victoria!” [11] Mariátegui por su parte señala que Marx correctamente se esforzó por demostrar cómo de las propias contradicciones del capitalismo surgían los elementos para la sociedad futura a la vez que señalaba que

“El carácter voluntarista del socialismo no es, en verdad, menos evidente, aunque sí menos entendido por la crítica, que su fondo determinista. Para valorarlo, basta sin embargo, seguir el desarrollo del movimiento proletario, desde la acción de Marx y Engels en Londres, en los orígenes de la I Internacional, hasta su actualidad, dominada por el primer experimento de Estado socialista: la URSS. En ese proceso, cada palabra, cada acto del marxismo tiene un acento de fe, de voluntad, de convicción heroica y creadora, cuyo impulso sería absurdo buscar en un mediocre y pasivo sentimiento determinista” [12]. Por otra parte no es casual que ambos revolucionarios hayan ubicado a la dialéctica en el centro del pensamiento marxista y la hayan defendido en polémicas públicas con Max Eastman y otros intelectuales norteamericanos (como Shachtman y Burnham en el caso de Trotsky) que la descalificaban como “idealismo hegeliano”.

VI
Hasta aquí hemos intentado mostrar puntos de contacto esenciales entre las ideas de José Carlos Mariátegui y León Trotsky. Para sintetizar creemos que el peruano hizo importantes aportes al marxismo revolucionario que señalamos a continuación:
- Una importante labor de traducción del marxismo a la realidad peruana y latinoamericana, no sólo utilizando sus herramientas teóricas, sino intentando integrarlo con las tradiciones políticas y culturales del país, fundamentalmente con la tradición comunitaria del campesinado indígena.
- La dilucidación del proceso histórico del Perú por el cual quedan amalgamados el capital imperialista y el latifundio, lo cual determina la imposibilidad de que la burguesía “nacional” juegue un rol revolucionario, quedando éste en manos del proletariado organizado en Partido revolucionario, trocándose la revolución democrático-burguesa en socialista. Si bien hemos señalado en este artículo y en otro anterior [13] las limitaciones de estos planteos, es innegable que revisten una importancia capital como el primer análisis realizado con la cabeza propia de un marxista latinoamericano, cuyas conclusiones son muy cercanas a la Teoría de la Revolución Permanente. Afirmamos sin temor a equivocarnos que dicha teoría engloba, superándolas, a las propias ideas de Mariátegui.
- Una renovación de la teoría marxista desde una perspectiva antipositivista e “historicista” que reivindica la centralidad de la praxis a la vez que no identifica infantilmente ciencia y positivismo. Esto es fundamental, sobre todo tomando en cuenta el carácter bestialmente positivista de los primeros “marxistas” de nuestro continente, así como el mecanicismo del diamat y el hismat stalinistas. Esto es clave ya que se opone por igual a toda visión “reduccionista” del marxismo como a la contraposición formal de ciencia e historicidad, determinismo y voluntarismo, y otras falsas antinomias propias de enfoques parciales y unilaterales, donde la totalidad es dislocada en función de un componente particular. Para concluir queremos afirmar categóricamente que Mariátegui tiene un lugar ganado por mérito propio en las filas del marxismo revolucionario de Lenin, Trotsky, Rosa Luxemburgo y Gramsci. Nuestra tarea consiste en recuperar su pensamiento y reivindicarlo como miembro pleno de esa tradición, para avanzar hacia una nueva síntesis que reestablezca la integridad teórico-política del marxismo revolucionario, que siente las bases para transformar al marxismo en una poderosa fuerza material que se ponga en la primera línea de los actuales y futuros combates de clase que definirán el curso de la historia.



[2] “La ley del desarrollo desigual, que es la ley más general del proceso histórico, no se nos revela, en parte alguna, con la evidencia y la complejidad con que la patentiza el destino de los países atrasados. Azotados por el látigo de las necesidades materiales, los países atrasados se ven obligados a avanzar a saltos. De esta ley universal del desarrollo desigual de la cultura se deriva otra que, a falta de nombre más adecuado, calificaremos de ley del desarrollo combinado, aludiendo a la aproximación de las distintas etapas del camino y a la confusión de distintas fases, a la amalgama de formas arcaicas y modernas. Sin acudir a esta ley, enfocada, naturalmente, en la integridad de su contenido material, sería imposible comprender la historia de Rusia ni la de ningún otro país de avance cultural rezagado, cualquiera que sea su grado.” León Trotsky, Historia de la Revolución Rusa, tomo I, pgs 33, Madrid, Sarpe, 1985.

[3] La ignorancia no es un instrumento de la Revolución (publicado en Clave, Nro 5, primera época, febrero de 1939), en León Trotsky, Escritos Latinoamericanos, pgs. 216-217, Bs. As. , Ed. CEIP León Trotsky, 1999.

[4] Aniversario y Balance (publicado en el Nro. 17 de Amauta, Año II, septiembre de 1928), en Ideología y Política, pgs. 247-248, Lima, Ed. Amauta, 1985.

[5] El XVII Congreso del PS italiano conocido como El Congreso de Livorno, donde la fracción de izquierda se separó del PS y decidió constituir el PC de Italia.

[6] “... el equipo de intelectuales del Ordine Nuovo de Turín, asumió la empresa de dar vida en Italia al Partido Comunista, iniciando el trabajo político que debía costar, bajo el fascismo, a Gramsci, Terracini, etc., la condena a veinte o veinticinco años de prisión.”, Defensa del Marxismo, pgs. 115, Lima, Ed. Amauta, 1985.

[7] En una carta a Tatiana Schucht Gramsci señalaba “Giulia, como la mayoría de los rusos contemporáneos, tiene una gran fe en la ciencia y entiendo que se trata de una fe de carácter casi religioso, que nosotros, los occidentales, tuvimos al final del siglo pasado y perdimos luego, a través de la crítica de la filosofía más moderna y, sobre todo, debido al desastre de la democracia política”. Antonio Gramsci, Cartas de la Cárcel, pgs. 133, Bs. As., Ed. Nueva Visión, 1998.

[8] Defensa del marxismo, pgs. 105, op.cit.

[9] “Las tendencias filosóficas del burocratismo”, publicado en Boletín CEIPLT, pgs. 19, Bs. As. 1999.

[10] Defensa del Marxismo (1928-29), pgs. 46, op.cit.

[11] ¿A dónde Va Francia?, pgs. 114, Bs. As., Ed. Pluma, 1974.

[12] Defensa del Marxismo, pgs. 69, op.cit.

[13] “Apuntes sobre José Carlos Mariátegui”, publicado en Rebelión el 29/10/02. En este artículo hemos hecho una crítica de la posición de Mariátegui respecto de la lucha de la Oposición animada por Trotsky, entre otros puntos.

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