miércoles, 15 de abril de 2015

Derrota en la victoria: Scioli y el kirchnerismo


Por Fernando Rosso

El sinceramiento del programa de ajuste del economista preferido del sciolismo. El triunfo de Urtubey es una victoria de Scioli. El kirchnerismo, preso de la perversa lógica del “mal menor”, participa de la fiesta de su fracaso en cuotas.

martes, 14 de abril de 2015

Ideas de Izquierda Nº 18 (edición digital)

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El número 18 de Ideas de Izquierda, el primer número digital que acompaña el lanzamiento del nuevo sitio, lo dedicamos centralmente a El capital de Karl Marx, el mayor desafío teórico que fuera lanzado a la economía política burguesa.

No hay entre las “heterodoxias” que se plantearon como alternativas a la corriente económica dominante ninguna a la altura de la empresa crítica de Karl Marx. Su obra magna desmonta despiadadamente los supuestos con los cuales la burguesía busca legitimar ideológicamente su dominio. El capital es el hecho maldito del mundo burgués. No sorprende, entonces, que casi desde su misma publicación haya estado bajo ataque tanto por parte de defensores rabiosos de la libre empresa como de reformadores que buscaron (y buscan) convencernos de que es posible conciliar las contradicciones de clase que desgarran esta sociedad.

Una y otra vez se proclamó la “muerte” de Marx, para ver esta esperanza desmentida. Marx vuelve porque ha realizado la crítica más aguda al capitalismo, y porque sigue siendo un punto de partida fundamental para trazar la hoja de ruta que, partiendo de las contradicciones que atraviesan a este sistema, delinea un camino para su superación revolucionaria. Después de 2008, con el estallido de la crisis mundial, su obra volvió a ver ampliamente leída y comentada con avidez. Una avidez que empujó hacia arriba la venta y reedición de sus obras, así como múltiples publicaciones destinadas a analizar su legado.

En este número de Ideas de Izquierda debatimos algunas de las críticas recientes y abordamos algunos de los aspectos de las transformaciones del capitalismo desde los tiempos de Marx. 

Revista completa, acá

martes, 7 de abril de 2015

Gramsci y la revolución permanente (segunda parte)

En este post hacíamos referencia a una lectura de Alvaro Bianchi (O Laboratório de Gramsci - Filosofía, História E Política, Campinas, Alameda Editorial, 2008), que sostenía que "A partir de mayo de 1932, Gramsci parece no insistir en la identidad de guerra de movimiento y revolución permanente, como es posible constatar en la supresión de esta identidad en el pasaje ya citado del Cuaderno 13". (Bianchi, pg. 243; se refiere al pasaje del Cuaderno 8 § 52 y su reelaboración en Cuaderno 13 § 7).

Para continuar la reflexión, quizás resulte interesante retomar la cuestión de la revolución pasiva, que Gramsci consideraba como "antítesis vigorosa" de la revolución permanente, pero no como programa sino como principio de interpretación (la diferencia que hace Massimo Modonesi entre la revolución pasiva como proyecto o proceso en su trabajo publicado en el libro Horizontes Gramscianos del cual es compilador). 

En el Cuaderno 15, escrito desde 1933, Gramsci profundiza la cuestión de la revolución pasiva, analizando dos elementos claves para comprender, desde su perspectiva, el proceso del Risorgimento italiano: el rol del Estado piamontés y la primacía del carácter de "restauración" por sobre el de "revolución" en el proceso dirigido por los moderados por su falta de "hegemonía" expansiva sobre los demás grupos sociales (C15 § 59). 

En relación con estas reflexiones, plantea asimismo dos criterios que pueden tener un carácter metodológico para relacionar revolución pasiva y revolución permanente.


En primer lugar, una relación más "dialéctica" entre "guerra de posición" y "guerra de maniobra" a partir del análisis crítico del concepto de revolución pasiva: 

El concepto de "revolución pasiva" en el sentido de Vicenzo Cuoco atribuida al primer período del Risorgimento italiano, puede ser relacionado con el concepto de "guerra de posiciones" en contraposición a la guerra de maniobras? Esto es, ¿estos conceptos han surgido después de la Revolución francesa y el binomio Proudhon -Gioberti puede ser justificado por el pánico creado por el terror de 1793 como el sorelismo por el pánico subsiguiente a los estragos parisienses de 1871? Es decir, existe una identidad absoluta entre guerra de posiciones y revolución pasiva? ¿O existe al menos o puede concebirse todo un período histórico en el que los dos conceptos se deban identificar, hasta el punto en que la guerra de posiciones vuelve a convertirse en guerra de maniobras? Es un juicio "dinámico" que hay que dar sobre las "restauraciones" que serían una "astucia de la providencia" en sentido viquiano (C15 § 11).
Habiéndose establecido hace mucho tiempo la idea de un Gramsci que contrapone furiosamente la "guerra de posición" con la "guerra de maniobra" identificando con esta última a la teoría de la revolución permanente de Trotsky, este párrafo resulta sugerente precisamente para establecer una lectura más "equilibrada" sobre el pensamiento de Gramsci al respecto. 

Siendo una nota miscelánea, de un Cuaderno fragmentario, de una obra no terminada sistemáticamente, siempre se puede mantener cierta reserva y no sería adecuado considerarlo el "punto de vista definitivo" de Gramsci al respecto. 

No obstante esto, la reflexión citada más arriba es parte de un intento de Gramsci de profundizar las ideas expuestas en el Cuaderno 13 dedicado a Maquiavelo y por su contenido, puede desprenderse de ella un valor "metodológico" para poner un límite a las lecturas más unilaterales sobre el tema.

Más allá de la contraposición estéril entre "posición" y "maniobra" hay que establecer un "juicio dinámico" en base a las experiencias de las restauraciones; estas imponen formas de "guerra de posición" por todo un período, luego del cual la guerra de posición "vuelve a convertirse" en "guerra de maniobra" (y en esa transformación de la guerra de posición en guerra de maniobra residiría la "astucia de la providencia").

Ligado a esto, hay un segundo aspecto, bastante más conocido y rescatado por distintos autores: que el argumento de la revolución pasiva "presupone, incluso postula como necesaria, una antítesis vigorosa y que presente todas sus posibilidades de explicación intransigentemente. Por lo tanto no teoría de la 'revolución pasiva' como programa, como fue en los liberales italianos del Risorgimento, sino como criterio de interpretación en ausencia de otros elementos activos en forma dominante" (C15 § 62)

Pero volviendo a la anterior, es decir a la relación entre restauraciones y "guerra de posiciones" y para pensar la actualidad: 

La vieja pregunta de Trotsky sobre ¿qué aspecto presenta en la práctica la teoría de la revolución permanente? ¿no debería ponerse en relación con este par conceptual restauración-guerra de posición?

Dicho de otro modo, en tanto los avances del capitalismo durante las duras décadas de restauración burguesa, que significaron el neoliberalismo, la caída de la URSS, y la restauración en China, implicaron un retroceso de la clase obrera y el marxismo al plano de la lucha defensiva (que sería la forma más elemental de guerra de posición), la reconstitución de las perspectivas revolucionarias ¿no incluye obligadamente una buena cantidad de experiencias de "guerra de posición" (defensivas primero y ofensivas después) como condición indispensable para la reconstrucción del marxismo revolucionario?

miércoles, 1 de abril de 2015

El paro del 31M: un contundente pronunciamiento nacional


Por Fernando Rosso

La medida tuvo un masivo acatamiento en los gremios convocantes y también en los “oficialistas”. El movimiento obrero y el ADN kirchnerista. Una reconfiguración en curso en la interna de la burocracia sindical y la necesidad de una izquierda combativa y de los trabajadores.

martes, 24 de marzo de 2015

Democracia, socialismo, marxismo (a propósito de Pablo Iglesias y Chantal Mouffe)


Mientras a nivel nacional nos preparamos desde el PTS para movilizarnos masivamente en un nuevo aniversario del 24 de Marzo, junto al Frente de Izquierda y de los Trabajadores, van algunas reflexiones teóricas, motivadas en algunos hechos de la política internacional.

Leyendo esta nota muy buena de Antonio Liz sobre las elecciones en Andalucía, un tema que queda en el tintero es hasta donde PODEMOS (y Syriza) son consecuentes con su propio discurso de "radicalizar la democracia" (o frases equivalentes) y a su vez la cuestión de las relaciones entre "socialismo" y "democracia".


En este sentido, la entrevista realizada por Pablo Iglesias a Chantal Mouffe hace más de un mes, permite debatir varias cuestiones. Las más obvias como las diferencias entre la teoría de Gramsci y la de Laclau y Mouffe, la hemos abordado en distintos posts, por ejemplo, acá

En esta ocasión creo que lo principal a considerar es el "marco estratégico" que recrea Mouffe en la charla con Iglesias: después de la derrota de los '70, la alternativa era "radicalizar la democracia" en base a una construcción "hegemónica" sin sujeto privilegiado. En cuanto a la cuestión teórica y estratégica general, algo comentamos acá sobre las críticas que realizara Ellen Meiksins Wood.


Si bien Mouffe dice que Laclau había tomado el interés por Gramsci de algunos argentinos (aparentemente anónimos), en las entrevistas de José Aricó de los primeros años '80 e incluso en sus recientemente publicadas póstumamente 9 Lecciones, aparece el mismo planteo, que después recogerá el propio Aricó en La Cola del Diablo, cuando realiza el balance retrospectivo de la experiencia de Pasado y Presente y las "izquierdas" latinoamericanas. 

Para ir al grano, la "revalorización de la democracia como antesala ineludible del socialismo", común a toda una generación que vivió y teorizó el tránsito de los '70 a los '80 y '90,  fue un fracaso. En ese sentido, resulta llamativa la falta total de autocrítica de Mouffe, cuya apuesta había sido una "socialdemocracia de izquierda", cuando al día de hoy es la propia socialdemocracia uno de los pilares más desprestigiagos de los regímenes políticos europeos. 

Sin embargo, fenómenos como los de Syriza y PODEMOS, nos plantean que, fracasada o no, la tentativa de Laclau-Mouffe, sigue de algún modo expresando un cierto "espíritu de época" en la actualidad. 

Como habíamos señalado con Fernando Rosso acá, frente al desprestigio de los regímenes autoritarios o democráticos degradados, la clase trabajadora y los sectores populares responden, a su modo, buscando ampliar o conquistar nuevos derechos aunque el poder del Estado no cambie su carácter de clase y la clase obrera todavía no se constituye como sujeto hegemónico de esos movimientos. 

No importa en este caso que la gente haya leído o no a Laclau, sino que las condiciones en que se desenvuelve su posibilidad de asumir un posicionamiento político están limitadas por coordenadas coincidentes con planteos de ese tipo y por ende más cercanas a la perspectiva de "radicalizar la democracia" que a la de "toma del poder por la clase obrera". 

Aunque a simple vista las aspiraciones de "ampliación de derechos" no cuestionan el carácter de clase del Estado, la realidad es que entran a cada paso en contradicción con éste, por ser precisamente las formas de "democracia degradada" que asumen los Estados, aquellas que garantizan las políticas que las grandes mayorías populares rechazan. 

En este contexto, cabe revalorizar dentro de la estrategia marxista la importancia de las consignas democráticas que pusiera en práctica la Comuna de París, sintetizando la tradición jacobina con la lucha obrera, que rescata en la Argentina el Frente de Izquierda y a las que hicimos referencia una vez en el extinto blog Las ideas no caen del cielo

En general, las corrientes que buscan articular "democracia" y "socialismo" (las comillas van porque así planteadas son dos grandes abstracciones en las que entra de todo), hacen especial hincapié en la institución del sufragio. Como el sufragio garantiza una igualdad formal, su incorporación a una "democracia socialista", sería la forma de tener una representación más amplia que la de una democracia estrictamente basada en soviets, más fácilmente manipulable hacia el totalitarismo. Desde esta perspectiva, la "profundización de la democracia" va de la mano con la lucha por el socialismo y resulta premisa ineludible de esta última.

Mucho menos tenida en cuenta es la relación entre el igualitarismo democrático y la lucha por el socialismo. Nos referimos a las demandas y consignas que hizo propias la Comuna de París, que provenían del jacobinismo y son la clave de una democracia más generosa: que todos los cargos públicos tengan la misma remuneración de un obrero o una maestra, que sean revocables, que se haga una cámara única de representantes que tome las funciones legislativas y ejecutivas y se termine la institución presidencial, que los jueces sean elegidos por el pueblo, entre otras. Este programa fue rescatado por Lenin en El Estado y la Revolución, en que el Estado-Comuna se complementaba con los soviets para generar una teoría del Estado proletario y su institucionalidad opuesta por el vértice a la de la democracia burguesa. A tal punto fue la importancia que le dio Lenin a estas consignas, que consideraba que significaban un "viraje" de la democracia burguesa a la democracia proletaria. 

¿Por qué Syriza o PODEMOS no plantean este tipo de consignas, aunque denuncien a las castas de políticos vendidos que llevaron a Grecia y el Estado Español a la crisis actual? 

Obviamente, es una pregunta retórica, ya que las perspectivas de "radicalizar la democracia" en ningún momento suponen que esto fuera "mediante el desarrollo de la lucha de clases", condición indispensable para lograr imponer cualquiera de estas consignas.

En resumen, la deriva de los PC's de posguerra, sintetizada en la frase "del Frente Popular a la unidad nacional" (acompañada por la de la socialdemocracia del reformismo al social-liberalismo), a la que hicimos referencia acá, fue también una deriva hacia la aceptación de formas cada vez más restringidas de democracia burguesa y está en la base de las concepciones de los actuales "posmarxistas" y "postogliattianos" cuya "radicalización de la democracia" es esencialmente discursiva.

(Agradezco a Yazmín Muñoz Sad los comentarios y observaciones a partir de los cuales surge este post)