viernes, 24 de octubre de 2014

Carta abierta del diputado Nicolás del Caño a la "izquierda kirchnerista"

¿Hasta cuándo vas a bancar 
esta represión del gobierno?





Las imágenes que la mayoría de los medios nacionales relevaron de lo sucedido ayer en la Panamericana, son más que elocuentes. La represión de la Gendarmerìa fue feroz. Tengo 7 balazos de goma en los brazos y piernas.

Completo, en La Izquierda Diario.

lunes, 20 de octubre de 2014

Kirchnerismo: La "vuelta de la política" estatizada



Fernando Rosso / Juan Dal Maso

Mucho se habló de la "vuelta de la política" en los años kirchneristas. Sería necio desconocer que hubo una repolitización de ciertos segmentos de la sociedad argentina, a partir de la crisis del fin de siglo pasado y de ciertas acciones desplegadas por el kirchnerismo (sobre todo en el terreno de la sobreproducción de discurso).

Sin embargo, y precisamente por su rol "restaurador" de la autoridad estatal después de la crisis del 2001, la "repolitización" llevada adelante por el kirchnerismo fue más una "estatización de la política" que un impulso a la movilización de la "sociedad civil" (que no obstante siempre mantiene un "piso" de movilización o un estado de beligerancia contenida, cuyas explosiones caracterizan lo que se ha dado en llamar la Argentina "contenciosa").

En la medida en que el kirchnerismo fue más "exitoso", más mediatizada por el estado se presentó la política y más vaciada de movilización, al punto que el propio oficialismo apeló a la movilización masiva en muy contadas oportunidades y con números respetables pero no descollantes y donde el peso del aparato estatal fue decisivo. El máximo de movilización, sin el aparato sindical o clientelar de los intendentes, fue un acto en Vélez en 2012 donde reunieron alrededor de 60 mil personas. Ahora, realizaron actos más modestos, tanto el Movimiento Evita, como La Cámpora y más recientemente Nuevo Encuentro.

Esto explica a su vez la poca densidad de los "movimientos sociales" kirchneristas (que como afirmó Cornejo, director de la Agencia Paco Urondo, "tiene capacidad de cortar calles y tomar... plazas", nada de risas). Esta es la expresión más grotesca del devenir de los movimientos sociales bajo el ciclo K. Habiendo dejado de lado la pretensión autonomista de "construir una esfera pública no estatal", pasaron de la tesis del "estado en disputa" a la del "estado-mecenas", del cual dependen y contra el cual no luchan. Diez años de kirchnerismo transformaron la "gramática de la multitud" en la "contabilidad de los ministerios".

En la “batalla contra la 125” fue mucho más la fuerza objetiva de los camioneros (en términos de amenaza, porque nunca se llegó a enfrentamientos de magnitud), que el desfile mediático de los “movimientos sociales”, en el congreso o en Plaza de Mayo.

Quizá la función más pasivizadora la haya cumplido en el movimiento estudiantil en general y en el universitario en particular, donde pese a que no llegó a hacer pie en las organizaciones del movimiento estudiantil (donde tuvo hegemonía una izquierda semi-k culposa); si hizo pie en la casta académica. El movimiento estudiantil universitario, muy activo bajo los años menemistas, mantuvo un nivel de quietismo sorprendente en la última década.

La deriva del hoy casi decadente “periodismo militante” (y su expresión extrema en 678 y Página 12), es un ejemplo de la farsa de este retorno de la militancia y la política en el lenguaje kirchnerista.

Por lo tanto, contra el sentido común imperante -incluso exacerbado por las corporaciones mediáticas opositoras-; la vuelta a la política y a la militancia propulsada por el kirchnerismo tiene mucho de un bastardeo de una politización profunda y compromiso con la “causa”. Una militancia de asueto o de baja responsabilidad, sin riesgos, de recitales de Fito Páez, o de León Gieco en el bicentenario. Una folklorización de la política y de la militancia.

El fin de ciclo trae consigo la crisis de esta “repolitización”, que tiene menos de política que de politiquería; plantea la necesidad de la lucha porque no sea reemplazada por una “despolitización”, como la que reflejan a su manera las distintas variantes que se plantean como sucesorias (Macri, Massa o Scioli), sino una revalorización de la militancia y la política; que solo puede estar ligada a grandes objetivos (un programa para que la crisis la paguen los capitalistas) y al sujeto social cuya centralidad, aunque parezca mentira, algunos siguen discutiendo: la clase trabajadora.

domingo, 12 de octubre de 2014

Spinoza, Hegel y Marx (a propósito del Cuaderno Spinoza)


Leyendo el llamado Cuaderno Spinoza de Marx y el estudio preliminar de Nicolás González Varela, que es muy interesante y permite ver la influencia que tuvo el pensador judío-holandés en la elaboración por Marx de la ruptura con el hegelianismo (incluida la crítica de la religión de los jóvenes hegelianos), surgen cuestiones varias para reflexionar acerca de la relación entre marxismo y filosofía.

En este post, intentaremos centrarnos en las relaciones entre Spinoza, Hegel y Marx. Posteriormente intentaremos analizar un poco algunas cuestiones que hacen al rol del marxismo en la historia de la filosofía y las "revisiones" a que estuvo expuesto. 

Sin desconocer el peso propio de Spinoza en la historia de la filosofía, la importancia que tenía entre los jóvenes hegelianos, se debía en gran parte al "uso" de Spinoza que había desarollado Hegel, quien presentaba a aquel como un momento privilegiado de su sistema. Tanto en la Fenomenología del Espíritu como en la Ciencia de la Lógica, hay una apropiación de la "sustancia" spinozista, tanto para la construcción de la "experiencia" de la conciencia como para la elaboración de una Lógica que es a su vez una metafísica. 

Así parecía verlo Marx cuando polemizaba, unos años después del "Cuaderno Spinoza", en su famoso fragmento sobre materialismo de La Sagrada Familia, contra Bruno Bauer y su interpretación del materialismo francés:

... la filosofía francesa del siglo XVIII, y particularmente el materialismo inglés y francés, no fueron solamente una lucha contra las instituciones políticas existentes, contra la religión y la teología existentes, sino también y no menos una lucha abierta y declarada contra la metafísica del siglo XVIII y, ciertamente, contra toda metafísica, en particular, contra la de Descartes, Malebranche, Spinoza y Leibniz. Se opone la filosofía a la metafísica, de igual manera que Feuerbach había opuesto la filosofía razonable a la especulación exagerada, el día en que, por primera vez, tomó claramente posición contra Hegel. La metafísica del siglo XVII, que tuvo que ceder el sitio a la filosofía francesa y particularmente al materialismo francés del siglo XVIII, tuvo su restauración victoriosa y substancial en la filosofía especulativa alemana del siglo XIX. Después que Hegel la unió genialmente a toda la antigua metafísica y al idealismo alemán, fundando un imperio metafísico universal, al ataque contra la teología, sucedió, como en el siglo XVIII, el ataque contra la metafísica especulativa y contra toda metafísica. Esta sucumbirá definitivamente delante del materialismo perfeccionado por el trabajo de la especulación y coincidente con el humanismo. De igual modo que Feuerbach en el dominio de la teoría, el socialismo y el comunismo de Francia e Inglaterra representan en el dominio de la práctica al materialismo coincidente con el humanismo.

Parecería coincidir Marx con la apreciación de Feuerbach en La filosofía del Futuro, en la que consignaba a Spinoza como "el materialismo visto desde el punto de vista de la teología" y por eso, el llamado de Marx a dejar atrás toda metafísica, incluida la de Spinoza, mediante el "materialismo perfeccionado por el trabajo de la especulación y coincidente con el humanismo". 


Marx es consecuente con este punto de vista, como puede verse en sus Manuscritos económico-filosóficos, en los cuales la critica de la Fenomenología hegeliana parte de los presupuestos de Feuerbach, pero marcando a Feuerbach el límite de que concibe la "negación de la negación" solamente en su versión especulativa (y por eso la rechaza oponiéndole "lo positivo que descansa sobre él mismo y se fundamenta positivamente a si mismo") y no como pasible de ser entendida como negación de la negación en el movimiento concreto de la historia, en el cual el comunismo es "el humanismo conciliado consigo mismo mediante la superación de la propiedad privada. Sólo mediante la superación de esta mediación (que es, sin embargo, un presupuesto necesario) se llega al humanismo que comienza positivamente a partir de sí mismo, al humanismo positivo".


Dicho sea de paso, esta "delimitación" con Feuerbach, respecto de la negación de la negación como mediación y superación, puede aplicarse asimismo a la filosofía de Spinoza, que si bien destaca la determinación como negación, no concibe ésta como un movimiento de superación, sino contenido en la unidad de la sustancia.

En este marco, podría decirse que los partidarios de la consigna Spinoza o Hegel, buscando una forma elegante de romper con el "hegelianismo" de Marx, terminan siendo presos del hegelianismo y su odiada dialéctica, que es en definitiva la que creó, mediante la apropiación de Spinoza por Hegel, las condiciones "teóricas" para la disyuntiva Spinoza o Hegel (antes de Marx y después retrocediendo desde Marx hasta los años de la izquierda hegeliana).