domingo, 14 de septiembre de 2014

miércoles, 3 de septiembre de 2014

El republicanismo que no fue


Por Fernando Rosso y Juan Dal Maso 

En una breve nota de Carlos Pagni, publicada el sábado pasado, el columnista de La Nación parece reclamar un "liberalismo que enamore" y en el artículo de opinión publicado el lunes siguiente en el mismo diario por el historiador Luis Alberto Romero, se convoca al pueblo argentino a dejar atrás los "malos gobiernos peronistas" y terminar con el mito de que “los peronistas son los únicos que saben gobernar”. Todo en nombre de una tradición republicana y liberal (con un leve barniz social-liberal en el caso de Romero), al parecer trágicamente imposible. Un "republicanismo que no fue". 

Quizás fue Juan B. Justo el principal exponente de la tradición republicana en la Argentina, más incluso que los radicales, tan proclives a combinar un populismo light con el fusilamiento de huelguistas. Su apuesta al desarrollo del Partido Socialista como puntal de la constitución de un sistema político moderno, por pecar de cierta ingenuidad, no deja de haber sido la más genuina en este espectro.

Esto lo sabía José Aricó, aunque en La hipótesis de Justo le reprochara sectarismo contra los radicales (cualquier parecido al acercamiento con el Alfonsinismo de los "gramscianos argentinos" no es pura coincidencia).

Las dificultades para la continuidad y arraigo nacional de una tradición republicana (y liberal o social-liberal) son las mismas que explican el arraigo del "bonapartismo" o lo que con un sutil dejo gorila, los liberales prefieren llamar el “populismo” (por razones opuestas a las de los marxistas): la presencia del imperialismo, la fuerza social de la clase obrera y la debilidad de la "burguesía nacional. Estos elementos configuran, como dijimos en otra parte, la "doble naturaleza” del peronismo, que es a la vez "partido del orden" y "partido de la contención", defensor a ultranza del orden capitalista y promotor del único "reformismo posible" en suelo argento. La derecha posible o la izquierda aceptable, según las definiciones, cambiantes con el "espíritu de época", del conformismo peronista.

1989-2001-2014

Si comparamos los finales de ciclo de Alfonsín, Menem y De la Rúa con el momento actual, la situación resulta totalmente diferente. El contexto internacional es de crisis y cuestionamiento del capitalismo y no de hegemonía del neoliberalismo. La política económica argentina, con todas sus extravagancias no es una rara avis al mismo nivel que lo era el sostenimiento de la convertibilidad en el 2000. Asimismo, el estallido del partido radical del 2001 y el desguace del bipartidismo que diera cierta estabilidad a la salida de Alfonsín y Menem, no logró ser reemplazado por el kirchnerismo con un régimen político más o menos estable. 

Este conjunto de elementos es lo que explica la hipótesis que empiezan a visualizar (y a desear) muchos; que el kirchnerismo se transforme en cierto modo en el camino más largo hacia el macrismo (un “frepaso de derecha” o un “sciolismo posmoderno”): una larga "restauración" hasta poner las cosas en su lugar (la centroderecha más de derecha pero con un barniz de "buena onda", bicisendas y "taller de entusiasmo" de Alejandro Rozitchner incluido).

Si el kirchnerismo fue de algún modo el remedo de una "gran empresa" cuya "hiperpolitización" la burguesía aceptó a regañadientes a cambio de unos buenos mangos en los años de vacas gordas, lo que viene es una progresiva derechización para administrar el declive. En ese marco, no cabe esperar, ni un "liberalismo que enamore" ni una resurrección del republicanismo. Por eso, los trabajadores y el pueblo argentino, que ideológicamente oscilan entre la "gauchocracia comunitaria" y el discurso sobre la "seguridad" se inclinan por variantes "conservadoras" como forma de no perder lo conquistado. También existe una minoría significativa que se vuelca hacia el Frente de Izquierda, por tener una política consecuente de defensa del empleo y los derechos de la clase trabajadora, no solamente en el plano parlamentario sino en la lucha de clases.

La democracia y la tradición de izquierda

Con todo, la existencia de la izquierda es un dato no menor en el "fin de ciclo". Si cabe en alguna medida tomar la distinción trazada por Héctor P. Agosti en su clásico Echeverría entre la tradición liberal y la tradición democrática, no es, como quería Agosti, para buscar el sector progresista de la burguesía argentina (que el PCA siempre acostumbró encontrar en los lugares menos indicados), sino para destacar que no toda "democracia" se reduce a la democracia burguesa.

Las alternativas no se reducen al republicanismo liberal que busca adaptar la realidad a sus “tipos ideales” o el bonapartismo pragmático cuyo “tipo ideal” es la adaptación a la realidad a la cual busca arrancarle algunas migajas, sin molestarla demasiado.

Somos críticos de ambas tradiciones desde una teoría política, una estrategia y un movimiento social que expresa la forma más auténtica y "popular" de democracia moderna de nuevo tipo: obrera y popular.

El comunismo, como movimiento real que lucha por cambiar el estado actual de cosas y que tiene en la democracia soviética la base para la constitución de un Estado obrero de nuevo tipo, que supera la "democracia sustantiva" del populismo y "formalismo abstracto" del republicanismo, uniendo las figuras del ciudadano y el productor, como condición para la extinción de todo tipo de estado.

A diferencia del republicanismo (además de las de clase, programa, objetivos y estrategia), nuestra crítica del bonapartismo reside en la experiencia real que la clase trabajadora realiza con el peronismo de acuerdo a las peculiares condiciones de nuestro país y del continente. Por eso el republicanismo no fue y muy probablemente no será (o será De la Rua); pero el socialismo todavía puede ser.

martes, 19 de agosto de 2014

Trotsky, Gramsci y el Estado en "Occidente" (artículo publicado en Ideas de Izquierda Nº 11, julio de 2014)

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En su libro The Gramscian Moment, Peter D. Thomas desarrolla una revalorización del pensamiento de Antonio Gramsci, cuya estructuración se construye a partir de las polémicas contra las interpretaciones del pensamiento del comunista italiano practicadas en Las Antinomias de Antonio Gramsci de Perry Anderson y Para leer el Capital de Louis Althusser. Thomas presenta ambas críticas al pensamiento de Gramsci como complementarias y coincidentes desde diversos ángulos.

Completo, acá y acá

jueves, 14 de agosto de 2014

R.R. Donnelley y el nuevo momento bonapartista



Por Fernando Rosso y Juan Dal Maso

El anuncio de CFK sobre la denuncia penal contra la empresa R.R. Donnelley puede leerse como parte de la política del gobierno de "retomar la iniciativa" que viene teniendo con el intento de recrear una "mística" progresista alrededor de "patria o buitres". 

Ligado a esto, los anuncios de "protección del empleo" y la puja por la ampliación de los alcances de la Ley de Abastecimiento, parecerían indicar que el gobierno busca retomar una agenda de "centroizquierda". La cuestión de las posibles atribuciones que otorgaba esta ley al estado, venía generando roces con distintos sectores empresarios.

Pero el anuncio como tal presenta distintos aspectos a ser tenidos en cuenta: 

-No quiere dejar en manos de "los troskos" la lucha contra esta empresa yanqui que de buenas a primera cerró la fábrica y se mandó a mudar, luego de que en el caso de Lear, quedó en evidencia la complicidad del Ministerio y el gremio aliado, para que se produzcan los despidos y el ataque ilegal a la comisión interna.

-No quiere que aparezca la lucha de Donnelley ligada a la de LEAR, porque necesita sostener su discurso ultra reaccionario (cuyos voceros principales son Berni y Capitanich, con el concurso de Artemio López que como buen discípulo de Althusser se dedica a la reproducción del discurso oficial al modo de los tristemente célebres Aparatos Ideológicos del Estado). Por este motivo dice "esto no tiene nada que ver con lo de LEAR". Es decir busca evitar que se sepa la verdad. Que las de Donnelley y LEAR son dos formas de las empresas para descabezar la organización de base en las fábricas. Una se va, la otra impone un lock out y pone como condición para volver a abrir "fuera zurdos", con el SMATA de aliado. Y lo que desmiente la presunta diferencia entre un caso (Lear), donde la izquierda “ultra” lleva a una situación extrema a los trabajadores, y el otro (Donnelley), dónde los obreros quieren trabajar frente a empresarios inescrupulosos; es que ambas comisiones internas tienen la influencia de la misma izquierda, es decir, del PTS, junto a obreros combativos. Lo que varía no es la acción de la izquierda, que en los dos casos se puso al frente de la lucha consecuente en la defensa de los puestos de trabajo; sino la acción del gobierno y el estado; no guiado por el mismo interés, sino por sus objetivos políticos basados en el objetivo de ubicarse como árbitro bonapartista, cuando la crisis puede tensar nuevamente la lucha y el enfrentamiento entre las clases.

-La denuncia se hace, según dice CFK, utilizando la Ley Antiterrorista. Es decir, una normativa totalmente cuestionada y que buscará legitimar a partir de este caso, para aplicarla, una vez terminada la coyuntura de "patria o buitres" no contra las empresas yanquis que hacen lo que quieren en la Argentina, sino contra los obreros y las organizaciones populares que las enfrentan. Por eso para el gobierno es preferible denunciar a la empresa con la ley antiterrorista que estatizar la fábrica bajo control obrero.

En cuanto al curso más general, se podría decir que es un nuevo “momento bonapartista”, en el sentido de que no es "ni de derecha ni de izquierda" sino que oscila siempre buscando el centro, en función de la "duración" en esta transición hacia el cambio de gobierno y especialmente los próximos meses de deterioro de las condiciones económicas por la situación de “default parcial” que impide el acceso a los dólares que necesita una economía en declive.

De conjunto, viendo todos estos elementos: retórica "nacional y popular", represión para los obreros de LEAR, ataque a la multinacional Donnelley intentando seperar a sus obreros de los de LEAR, denuncia de una empresa yanqui con la ley antiterrorista, Ley de abastecimiento contra los empresarios, pero impuesto a las ganancias contra los sindicatos, la política del gobierno es una suerte de intento de "Pacto Social" sin instituciones de consenso. Un bonapartismo de épocas de vacas flacas, con orden en las calles garantizado por Berni y la Gendarmería, y una amenaza a los empresarios para intentar evitar la disparada de precios y exhortarlos a “colaborar” a mantener el equilibrio social.

Hubo otros momentos donde el gobierno tuvo relativo éxito con giros bonapartistas de este tipo (“estatización parcial” de YPF, o de los fondos de las AFJP, por ejemplo), pero se dieron con dos condiciones: recursos económicos (provenientes del viento de cola de la economía mundial o de posibilidades de crecimiento propios de la economía) y aliados con capacidad de contención, sobre todo en el movimiento obrero. Así y todo, cada una de las recuperaciones era de más corto alcance que la anterior.

Este "momento bonapartista" de manos vacías, signado por la coyuntura y con la economía caída, con suspensiones y despidos, pone un gran signo de pregunta sobre los alcances de la “recuperación” que pueda lograr el kirchnerismo.

Mientras todo esto ocurre en las alturas de un país "oprimido y tenaz", 400 obreros, que cargan en sus espaldas unas cuantas batallas, ponen a producir la fábrica y retoman las mejores tradiciones del 2001, como la de los obreros y obreras de Zanon en Neuquén.

Ellos parecen decir: "Los discursos no interrumpen la lucha de clases".